0 0,00 

Cart

No products in the cart.

La expresión artística es una forma de ver la realidad, y por lo tanto, es única e infinita. Aquí recojo mi arte. Bienvenidos a mi forma de ver la realidad.

Eugènia Carrasco © 2026. Tots els drets reservats. Política de privadesa.

Nadar y pensar

Nadar y pensar

Voy a nadar a menudo a una piscina climatizada y cubierta del pueblo de al lado. La piscina tiene veinticinco metros de largo, y yo normalmente nado mil metros, o sea, hago cuarenta piscinas. La primera piscina nado braza, y las tres siguientes, espalda. La quinta vuelvo a nadar braza, y las tres siguientes, espalda. Y así todo el rato. Es una manera de contar las piscinas que me va bien. Grupos de cuatro. Pero aun así, mi mente piensa muchas cosas y me despisto. Hace poco he ideado un método. Cada vez que hago una piscina de braza, la número uno, la número cinco, la número nueve… pienso en qué pasaba en mi vida cuando tenía aquella edad, y salen cosas curiosas.

Cuando tenía un año, no me acuerdo de nada; cuando tenía cinco, recuerdo que en invierno mi padre y yo hacíamos ver que era verano y que nos poníamos el traje de baño. Nos costaba y hacíamos los gestos con el cuerpo que se hacen cuando cuesta ponerse un traje de baño. Pero esto lo hacíamos vestidos y reíamos, nos hacía mucha gracia.

Piscina número nueve. ¿Qué hacía yo a los nueve años? Vivir feliz. Todavía no se me habían instalado en el cuerpo las hormonas que más tarde me hacían estar pendiente de los chicos. Jugábamos en la escuela a todos los juegos que sabíamos y era feliz.

Piscina número trece. Ya estaba pendiente de los chicos. No es que esto me hiciera muy infeliz, pero me hizo perder mucha libertad. Estaba pendiente continuamente de ellos y no era una niña libre y feliz como cuando tenía nueve y diez años. Recuerdo que luchaba contra los pensamientos del tipo “este chico me gusta y creo que le gusto, me mira mucho…”, o “este chico me gusta y no me hace ni caso…”, me encontraba ridícula, pero no  podía hacer nada.

Piscina número diecisiete. A los diecisiete años ya estaba totalmente sumergida en el tema hombres, todavía no tenía sexo, pero ya había tenido novios, y problemas. Mi vida era ir a la universidad, intentar aprobar sin estudiar mucho, y los chicos.

Número veintiuno. Me enamoré del hombre de mi vida. Y él de mí. ¡Que bien!, Pensaréis. Pero sufría, sufría mucho, porque pensaba que él no estaba tan enamorado como yo, y esto era un martirio.

Veinticinco. A los veinticinco años vivía con mi enamorado y trabajaba de profesora. La época más feliz de mi vida. Trabajábamos, salíamos al atardecer a cenar y tomar copas, y hacíamos el amor.

Veintinueve. Nace mi hijo querido, lo más importante que me ha pasado en la vida, empieza una historia de amor que de momento continúa.

Treinta y tres. Mi hijo tiene cuatro años. Lo cuido y soy feliz.

Treinta y siete. Mi hijo tiene ocho años y yo tengo la cabeza llena de grillos. Vuelvo a interesarme por los hombres, con lo que mi vida es muy complicada y no muy feliz.

Y aquí acabo mis piscinas de braza, y estos son los años de mi vida que tengo más estudiados; de todos los otros, no sé nada. Tendré que inventar algún método para pensar cuando tenía cuarenta años en adelante, lo pensaré.

Dibuix digital titulat “Aigua”, de la col·lecció Escenes. Octubre 2019. Eugènia Carrasco, escriptora i dubixant. Dibuixos personalizats i llibres

Dibujo digital titulado “Aigua”. Comprar en la tienda

Eugènia Carrasco
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.